La ampliación del aeropuerto de Barcelona

Delta del Llobregat. Foto: Pau Núñez

Sigue el debate sobre el plan de ampliación del aeropuerto de Barcelona que afecta a un espacio protegido del delta del Llobregat incluido en la Red Natura 2000.

En relación con el complicado asunto de la ampliación del aeropuerto de Barcelona, ya se han visto los clásicos lugares comunes del estilo: “enviamos los patos en el delta del Ebro” (Germà Bel, Vilaweb, 31.05. 2.021), “se piensa más en los patos que en las personas” (Jordi Codina, SER Cataluña, 2.06.2021). Quisiéramos añadir un nuevo argumento a la conversación.

La conservación del medio natural debería evolucionar su enfoque.

Hace más de un siglo que los grandes objetivos se centran en la conservación de especies y hábitats catalogados internacionalmente. Este posicionamiento ha tenido éxitos y ha sido muy necesario, pero también ha sufrido problemas y ha sido insuficiente para detener la pérdida de la biodiversidad a gran escala.

Además, no es entendible, ni compartido, para una buena parte de la población. Constantemente choca con los diferentes intereses agrícolas, industriales, urbanísticos, de infraestructuras, del desarrollo de zonas empobrecidas… Y es muy fácil contraponer las necesidades de progreso económico con “cuatro patos”.

Una mirada a escala de paisaje

Sería necesario que las leyes y políticas ambientales enfocaran su mirada hacia las FUNCIONES ECOLÓGICAS que realizan los ecosistemas.

Un ecosistema en buen estado, realiza eficientemente sus funciones y procesos, y se compone por una red diversa de especies.

Según el ecólogo Brian Moss (*), los factores clave de los ecosistemas mejor conservados son los siguientes:

  • Eficiencia en el ciclo de los nutrientes.
  • Una estructura característica compuesta por elementos físicos y biológicos (más que un catálogo determinado y fijo de especies).
  • La conectividad con los sistemas adyacentes.

Quizás sería más sencillo explicar a la población, la necesidad de proteger ecosistemas eficientes, con el objetivo de la depuración de las aguas, el control de las inundaciones y temporales, el control de la erosión, el transporte de sedimentos, la protección de los acuíferos como reservas de agua, la polinización, la producción de peces y moluscos, la regulación del clima y de la calidad del aire …

Muchas de estas funciones son propias de las marismas y lagunas litorales, como las del delta del Llobregat.

Sabemos que es complejo, pero creemos que ir dirigiendo las prioridades hacia aquí, sería revolucionario.

* Brian Moss: Ecology of Fresh Waters: A view for the Twenty-First Century. Wiley & Sons, 2013

Foto de portada: Pau Núñez

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