La vida acuática

El agua es el sistema circulatorio de la biosfera, y hace posible la vida en la Tierra.

Los hábitats acuáticos bien conservados realizan funciones ecológicas tan fundamentales como el suministro de agua limpia para el consumo humano, la depuración natural de contaminantes, el esponjamiento y el control de las inundaciones y los temporales marinos, la protección contra la erosión y la regulación climática a diferentes escalas geográficas.

La salud de los ecosistemas acuáticos se define por la calidad y la cantidad del agua, la conectividad con el paisaje, las condiciones del hábitat y la diversidad de especies animales y vegetales.

Los hábitats de agua dulce, como los lagos, los ríos y humedales, son fuente de vida para la humanidad.
Potamogeton natans ©Willem Kolvoort
La biodiversidad de las aguas dulces ha sufrido un enorme declive desde 1970. Las poblaciones de especies acuáticas han caído un 83%  (Living Planet Report, WWF 2018).

Los ecosistemas de agua dulce son el hábitat de más de 100.000 especies conocidas de peces, moluscos, reptiles, insectos, plantas y mamíferos. A pesar de ocupar menos del 1% de la superficie de la Tierra, acogen un tercio de todos los vertebrados.

Son los hábitats más amenazados de la Tierra, afectados por la fragmentación y la destrucción; las especies invasoras; la sobrepesca; la contaminación; las prácticas forestales; las presas e infraestructuras hidráulicas; las extracciones de agua y el cambio climático.

Las zonas húmedas han disminuido su superficie más de un 50% desde 1900. La tendencia para las especies de agua dulce se alarmante. Los peces de agua dulce es el grupo de vertebrados que ha sufrido el ratio de extinción más grande a lo largo del siglo XX.

Freshwater Living Planet Index WWF 2018
En el caso de Cataluña, «casi todas las zonas húmedas se encuentran negativamente influenciadas por la actividad humana» (ICHN, 2010).

Según el último Informe sobre el Estado del Medio Ambiente de Cataluña (2011-2015), el estado ecológico de los ríos habría empeorado sensiblemente entre 2010 y 2015 (datos provisionales sobre el 60,5% de las masas de agua) ; el porcentaje de masas de agua subterránea en buen estado pasó del 51% en 2012 al 41% en el año 2015, por un empeoramiento de su calidad química; los embalses que presentaban un estado bueno o cercano a bueno pasaron del 84% en 2012 al 57% en 2015, y han empeorado en términos globales (datos provisionales sobre el 87% de los controles).

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